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Lanfraconi: “Hay que buscar alternativas sustentables al problema de las malezas”

14/05/2019


El crecimiento de la producción agrícola en los últimos 20 años fue muy importante para la Argentina. Pero también generó algunos problemas que hoy deben resolverse: escaseó la rotación de cultivos y de herbicidas, situaciones que instalaron la problemática de las malezas tolerantes o resistentes a distintos ingredientes activos.

Luis Lanfranconi, de la Universidad Católica de Córdoba, uno de los más reconocidos malezólogos del país, cree que el tema está lejos de resolverse y que seguirá en aumento el número de especies problema.
 
“Primero comenzó con el glifosato, pero desde hace cinco o seis años viene apareciendo otro conjunto de malezas con resistencia a los ALS y a los graminicidas, como era de esperar”, repasa Lanfranconi.
 
Y agrega que, ahora, “hay resistencia a los reguladores de crecimiento, como Dicamba y 2,4-D, aunque todavía es más atípico, pero todo trae aparejado un fuerte aumento en los costos de producción en los últimos años”.
 
El experto está preocupado y es tajante: “Hay que buscar alternativas sustentables porque, como vamos, no se puede seguir más”.
 
Por eso, sostiene que las soluciones que se vienen son integradas, vinculadas al manejo del sistema, a los cultivos de cobertura, a las rotaciones de cultivos y de los principios activos.
 
Pensando en el rol de los herbicidas en el futuro, Lanfranconi destaca que serán una herramienta más para el control de las malezas, a diferencia de lo que sucedía hace 10 o 15 años, cuando eran la “piedra fundamental”.
 
Al evaluar las especies de mayor presencia en Argentina, señala que el yuyo colorado generó “un antes y un después”, porque se convirtió en la maleza más importante del país, “ya que asusta por la velocidad con la que se propaga”.
 
El académico dice que la rama negra es una especie que produce la misma cantidad de semilla que el yuyo colorado, pero que no impactó tanto. “La agricultura argentina, en general, tiene un problema sumamente serio de gramíneas”, apunta el especialista.
 
De todas formas, Lanfranconi cree que Argentina no verá la gravedad de la crisis de malezas que sufren otros países, como Estados Unidos, por ejemplo.
 
 
El yuyo colorado, una maleza que por su nivel de propagación y tamaño, generó “un antes y un después” en el manejo del problema.
 
Y agrega que, ahora, “hay resistencia a los reguladores de crecimiento,
como Dicamba y 2,4-D, aunque todavía es más atípico, pero todo trae
aparejado un fuerte aumento en los costos de producción en los últimos
años”.
El experto está preocupado y es tajante: “Hay que buscar alternativas
sustentables porque, como vamos, no se puede seguir más”.
Por eso, sostiene que las soluciones que se vienen son integradas,
vinculadas al manejo del sistema, a los cultivos de cobertura, a las
rotaciones de cultivos y de los principios activos.
Pensando en el rol de los herbicidas en el futuro, Lanfranconi destaca que
serán una herramienta más para el control de las malezas, a diferencia de
lo que sucedía hace 10 o 15 años, cuando eran la “piedra fundamental”.
Al evaluar las especies de mayor presencia en Argentina, señala que el yuyo
colorado generó “un antes y un después”, porque se convirtió en la maleza
más importante del país, “ya que asusta por la velocidad con la que se
propaga”.
El académico dice que la rama negra es una especie que produce la misma
cantidad de semilla que el yuyo colorado, pero que no impactó tanto. “La
agricultura argentina, en general, tiene un problema sumamente serio de
gramíneas”, apunta el especialista.
De todas formas, Lanfranconi cree que Argentina no verá la gravedad de la
crisis de malezas que sufren otros países, como Estados Unidos, por
ejemplo.
“Pienso que el problema se agravará un poco más, pero no a los niveles de ellos. No llegará a esos estadios porque el productor argentino es muy inteligente y si tira de la cuerda es por cuestiones económicas, pero no por desconocimiento”.
 
En este punto, reflexiona sobre el rol de las empresas de agroquímicos. “Hay un amplio sector de la ciencia y técnica que quiere comenzar a generar un cambio de paradigma en el manejo del sistema y mejorar la forma en la que el productor lleva adelante el manejo de las malezas”, afirma.
 
Y cierra con una idea esperanzadora: “A eso se suma que las compañías reconocieron que cada una sola no tiene todas las soluciones para todos los problemas. Entonces, si los problemas están compartidos, hay que encontrar soluciones conjuntas. Y eso es lo que el sistema necesita”.